martes, 13 de enero de 2015

Carne y evolución humana (Paleontología)

Los seres humanos (Homo sapiens) pertenecemos al género Homo, que aparece en África hace unos 2,3 millones de años en la forma de especies descendientes de los australopitecos. Estas primeras especies: Homo habilis y Homo rudolfensis, presentan unos dientes mayores que los de nuestra especie, pero menores que los de los australopitecos. Al mismo tiempo, su capacidad craneal es mayor a la de los australopitecos, teniendo H. habilis desde 510 cc hasta los 750 cc estimados para H. rudolfensis. El esmalte de sus dientes era más espeso que en formas posteriores de Homo, permitiendole el consumir alimentos duros como algunos vegetales. Hay referencias de herramientas líticas de hace 2,6 millones de años, del norte de Etiopía. La insdustria lítica concuerda con el periodo de existencia de H. habilis y H.rudolfensis pero su aprovechamiento de la carne sería más bien oportunista, siendo unos animales generalistas y adaptables con una dieta flexible capacitada para el aprovechamiento herbívoro.

Un cerebro grande consume una gran cantidad de energía. Al mismo tiempo un aparato digestivo grande para procesar alimentos de dificil procesado también consume mucha energía. El aprovechamiento de la carne para ir abandonando la dieta herbívora en favor de una omnívora con énfasis carnívoro permite reducir el tamaño del aparato digestivo en pro del aumento del cerebro en lo que a costos energéticos se refiere.


Fotografía de cráneo de H. ergaster realizada por Manuel Ansón
Fotografía de cráneo de H. ergaster realizada por Manuel Ansón

Posteriormente apareció Homo ergaster,  hace 1,9 millones de años. El esmalte de su dentición es mucho más fino, lo que le haría más costoso el poder alimentarse de una dieta dura vegetariana, limitando la flexibilidad gastronómica. Homo ergaster es un animal más grande, con unas proporciones más similares a las de los humanos modernos de las regiones tropicales. Homo ergaster está relacionado con una gran cantidad de acumulaciones de industria lítica. Éstas herramientas les permitirían tanto procesar materia vegetal como materia cárnica. Lo que ha quedado evidenciado de forma clara en el registro fósil, es que al evolucionar las especies de Homo hacia la modernidad, estas han ido ampliando sus posibilidades para la caza y han ido incluyendo el consumo de animales como una parte fundamental de su dieta.  Está ahí la evidencia del procesado de los grandes mamíferos, siendo éstos desde alcelafinos hasta hipopótamos y jiráfidos. Sin embargo, parece que es dificil el aceptar que ya las antiguas especies del género Homo eran capaces de ser buenos cazadores. Durante muchos años, diferentes autores como Milford o Blumenshine defendieron que estos homínidos se dedicaban al carroñeo de carcasas de animales muertos o cazados por otros depredadores de la sabana. En la actualidad, y gracias a la labor de grandes investigadores como Manuel Domínguez Rodrigo, han quedado demostradas las capacidades cazadoras de H. ergaster, siendo un gran depredador de su hábitat africano, abatiendo él mismo a sus presas y procesandolas, como evidencian los diferentes yacimientos de la Garganta de Olduvai como BK o FLK Zinj.




Reconstrucción  del paleoambiente de un grupo de H. ergaster procesando un Sivatherium que han abatido. Tal cual aparece en Domínguez-Rodrigo, M. et al., 2013. On meat eating and human evolution: A taphonomic analysis of BK4b (Upper Bed II, Olduvai Gorge, Tanzania), and its bearing on hominin megafaunal consumption. Quaternary International. Paleoarte realizado por Marco Ansón, autor del blog.


Las especies de homínidos posteriores, entre ellas H. heidelbergensis, H. neanderthalensis y H. sapiens están ampliamente relacionadas con el consumo de carne, realizando grandes cacerías y mostrando una amplia dependencia base del aporte cárnico a su dieta, más allá de su flexibilidad como omnivoros y las evidencias de consumo de materia vegetal por estas especies.  Los humanos dependen de una ingesta de proteina animal para su supervivencia, aportándoles B9 y B12.

¿Es el consumo de carne lo que nos hizo humanos? Ya profundizaremos posteriormente en la actualidad sobre la evolución humana. Lo que está claro es que la evolución de los linajes del género Homo se encuentra claramente marcada por el consumo cárnico primario y por la capacidad de depredación de diferentes animales. A día de hoy el hombre (H. sapiens) es el superdepredador por excelencia sobre el planeta. Con esta entrada quiero abrir los ojos a aquellos que ven a nuestra especie y a su linaje ancestral como si de unos hippies de la sabana se trataran. Aquellas hipótesis han caído en el fracaso tras las evidencias actuales de la caza. Puede que ciertos sectores hagan hincapié en las diferencias morfológicas entre la dentición del orden Carnívora y la del género Homo, pero, amigos, la depredación de otros animales va mucho más allá de la dentición secodonta en este el reino animal.

Bibliografía:


Aiello LC, Wheeler P. 1995. The expensive tissue hypothesis. Curr. Anthropol 36:199–221
Domínguez-Rodrigo, M., Bunn, H. T., Mabulla, A. Z. P., Baquedano, E., Uribelarrea, D., Pérez-González, A., Gidna, A., Yravedra, J., Diez-Martin, F., Egeland, C. P., Barba, R., Arriaza, M. C., Organista, E. & Ansón, M. 2014. On meat eating and human evolution: A taphonomic analysis of BK4b (Upper Bed II, Olduvai Gorge, Tanzania), and its bearing on hominin megafaunal consumption. Quaternary International, 322-323: 129-152 


Domínguez-Rodrigo, M., Castanedo, A. 2014. Entre arqueólogos y leones. Bellaterra


Eaton SB, Eaton SB III, Cordain L. 2002. Evolution, diet, and health. In Human Diet: Its Origin
and Evolution, ed. PS Ungar, MF Teaford, pp. 7–18. Westport, CT: Bergen and Garvey

 McHenry, H.M 2009. "Human Evolution". In Michael Ruse & Joseph Travis. Evolution: The First Four Billion Years. Cambridge, Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press

miércoles, 7 de enero de 2015

Empididae y la evolución del comportamiento sexual (Etología).



El comportamiento sexual, ya sea cópula o de cortejo, es extremadamente interesante y variado en el mundo animal, y obviamente no carece de explicación.
El comportamiento de los diferentes animales tiene también una trayectoria y origen evolutivo. Cuando observamos un comportamiento desde una perspectiva evolutiva podemos realizarnos preguntas cuya respuesta nos ayuden a comprender mejor al animal ¿Cómo surgió? ¿Cómo empezó? ¿se ha modificado con el tiempo?. Podemos encontrar algunas respuestas buscando en el origen filogenético. En el caso de tener una inferencia filogenética fuerte, podremos encontrar especies que puedan ordenar el comportamiento hacia la complejidad mediante variables de un comportamiento ancestral.


E. aerobatica, foto de E.M. Fisher.

                                 Empis aerobatica. Foto de E. M. Fisher
A veces es imposible el conocer la trayectoria evolutiva, pero en este caso hay una marcada evolución en el comportamiento sexual de algunos insectos empídidos. Estos dípteros son voraces depredadores, con hembras muy agresivas, por lo que el macho ha de trabajarse mucho el cortejo. En los géneros Hilara y Empis puede darse el caso de que el macho se acerque a la hembra con intenciones copuladoras y que esta lo tome por una presa, lo agreda y se acabó la historia. En las soluciones se ve la evolución del comportamiento.
 En algunas especies el macho se acerca a la hembra mientras la hembra come, para que al estar esta saciándose minimice las posibilidades de él mismo ser considerado una presa. 
En otra situación, los machos de alguna especie como Empis livida, capturan una presa que otorgan a la hembra para que esta se la coma y minimizar riesgos de depredación. En otras el macho envuelve parcialmente una o varias presas en un capullo de seda, para que la hembra tarde más tiempo en obtener la comida y así ampliar el tiempo de cópula y minimizar riesgo.  
 Otras especies, como Empis borealis e Hilara wheeleri, envuelven totalmente la presa en seda, así la hembra tardará más tiempo en desenredarla.  Incluso hay especies que otorgan alimentos deteriorados, secos o ya consumidos envueltos en el capullo.
 En el caso de Hilara sartor, Empis snoddyi y H. granditarsis,   el macho regala un capullo de seda sin alimento, engañando a la hembra que se entretiene en deshacer el capullo para no encontrar nada. En este comportamiento de H. sartor, el más evolucionado, parece que el macho consigue aplacar a la hembra sin tener que invertir en los costos de obtener alimento, pero la cosa es que esta especie se alimenta de néctar. 
La cosa es que la evolución del comportamiento, al verse ya condicionada por el paso evolutivo en el que el macho entrega un capullo a las hembras, ha hecho que las hembras valoren el regalo  (quizá como una muestra de fitness) y elijan a los machos que les traen un capullo (y si es grande, mejor). Ya que queridos amigos, la selección sexual siempre se encuentra antes de la selección natural. De ese tema ya hablaré en el futuro en este blog.
Asique si buscáis una explicación del comportamiento, ya sabéis, ¡barajad entre costos y ventajas!.

PD: como veis he escrito sobre invertebrados, aunque sabéis que mi pasión son los vertebrados.

Bibliografía:

Kessel, E. L. 1955. The Mating Habits of Balloon Flies. (Diptera: Empididae). Syst. Zool. 4: 97-104

Lorenz, K.  Sobre la agresión el pretendido mal. 1966.

Sadowski, Jennifer A.; Moore, Allen J; and Brodie, Edmund D. III, ‘The evolution of empty nuptial gifts in a dance fly, Empis Snoddyi (Diptera: Empididae): Bigger isn’t always better’, Behavioural Ecology and Sociobiology, Vol. 45, Nos. 3-4, 1999.